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Colmar es el pueblo de 'La Bella y la Bestia'

Todo en ese pueblo de cuento parece ideal. Pues bien, tenemos una buena noticia: EXISTE.

Colmar es todo lo que un amante de los cuentos de hadas y las películas de Disney puede desear. Esta pequeña ciudad de la región francesa de la Alsacia, en el noreste del país, quizá no esté la primera en la lista de lugares que visitar en Francia, pero cualquiera que la conozca pasará a colocarla en su top de ciudades idílicas.

Los rumores dicen que el pueblo de Bella está inspirado en Colmar, y las razones están por todas partes. Situada en el corazón del valle del Alto Rin, entre Basilea y Estrasburgo, Colmar tiene un tamaño perfecto entre ciudad y pueblo que nos permite 'patearla' con sosiego y casi sentirnos como uno de los aldeanos que daba los buenos días a Bella en la película de Disney. Y eso es parte de su encanto: poder olvidarnos de la agitación de la ciudad sin necesidad de convertirnos en ermitaños o huir al lugar más remoto de los Picos de Europa.

Colmar ha pertenecido dos veces a Alemania y tres a Francia, así que no es de extrañar que rasgos de ambos países se palpen, por ejemplo, en la famosa arquitectura de la ciudad.

Su centro histórico está clasificado como zona protegida y ha sido continuamente restaurado para llegar hasta hoy como lo que es: una composición de casas antiguas, muchas del siglo XIV, de estilo gótico germánico, con entramados y postigos de madera al modo francés, del renacimiento tardío... Todas obras maestras que reflejan el esplendor de Colmar en la Edad Media.

Muchas son seña de identidad de la ciudad, como la Adolph House, del siglo XIV, y la casa Huselin zum Swan. La antigua aduana o Koïfhus, de 1480, es el edificio público más antiguo de la ciudad y en él se depositaban todos los productos de importación.

La Casa Pfister, de 1537, y la Casa de las Cabezas, de 1609 y con 111 cabezas y máscaras adornando su fachada, dan fe de la prosperidad de la burguesía mercantil de Colmar.

La arquitectura religiosa tampoco se queda atrás. La mejor representación está en la colegiata de San Martín, del siglo XIII. La Église Saint-Martin es un ejemplo de la importancia del gótico en la Alsacia, y es considerada por los vecinos como la catedral de Colmar, aunque no existe ninguna en la ciudad.

Por supuesto, las casas particulares no podían ser menos. Como si de una competición se tratase, los colmariens decoran el exterior de sus viviendas con todo tipo de adornos de tamaño considerable. Y no hablamos solo de geranios. Relojes, gallos, corazones o lámparas es lo más normal que puedes encontrar, porque hay incluso bicicletas y sillas colgantes. Pero no hay temor a que dejen de colgar, porque todo está perfectamente cuidado en esta ciudad en la que, de vez en cuando, uno se sorprende a sí mismo buscando a Gastón por las esquinas.

Pero, si hay algo que nos embelesa de Colmar son sus canales. Porque una ciudad perfilada por corrientes de agua tiene siempre un 'algo' especial. Ámsterdam, Venecia, Brujas... Colmar merece un puesto en esta lista.

A la zona de canales de Colmar se la conoce como la petite Venise. Puede que pienses que a cualquier ciudad con algún riachuelo se le llama así, pero te invitamos a que deseches esos prejuicios porque, aunque de dimensiones reducidas, la pequeña Venecia es belleza.

Ocupando el distrito de Krutenau, antigua zona de jardineros y agricultores, los canales del río Lauch irrigaban los cultivos y servían a los comerciantes para transportar sus plantas y verduras hacia el muelle del mercado. Los riachuelos continúan a lo largo del Quai de la Poissonnerie, donde se vendían los pescados capturados en la zona y donde residían los pescadores profesionales, cuyas casas se alinean a lo largo de las orillas y recuerdan inevitablemente a la capital del Véneto.

Algunas viviendas de la 'pequeña Venecia' son del siglo XIV, y en ellas vivían también carniceros y curtidores, estos últimos en el Quartier des Tanneurs. No creas que los colores de las viviendas son en vano. Al parecer, los vecinos pintaban sus casas en función del tipo de negocio que regentaban: azules para los pescadores, rojas para los carniceros y blancas para los curtidores.

Como buena ciudad con canales que se precie, los paseos en barca son de lo más demandado. En Colmar se realizan en barcas muy planas, ya que en ciertos tramos los canales tienen poco fondo. Este tipo de botes era los que utilizaban los agricultores para transportar los vegetales hacia el mercado. El tour, de 30 minutos, recorre los canales con suavidad para que puedas disfrutar del sonido del agua y la tranquilidad de Colmar. Si no nos perdiéramos tanto, podríamos hasta quedarnos dormidos de tanta relajación.

Otra manera de disfrutar de la petite Venise es desde arriba. Las terrazas de algunas cafeterías casi parece que levitasen sobre los canales. La del restaurante Wistub Brenner es una de ellas, y nos parece un imprescindible. Tradición alsaciana con unas vistas idílicas. El pastel de cebolla puede no sonarte muy apetecible pero créenos: ¡lo es!

A Colmar llegan cruceros fluviales y visitantes desde ciudades como Estrasburgo y París, así que puede que no solo tú hayas tenido la idea de visitar la Pequeña Venecia. Si eres de ese extraño tipo de humano al que no le importa madrugar estando de vacaciones, el mejor momento para empaparse de los canales (figuradamente, aunque más de uno remoja los pies en verano) es el amanecer. Las primeras luces del sol reflejadas en el agua, las farolas a punto de ser apagadas iluminando tenuemente los colores de las fachadas... y la Pequeña Venecia casi para ti solo.

Una buena parte de nuestras ganas de vivir para siempre en Colmar se debe a las tiendas de productos típicos alsacianos, desde comida hasta textil.

El centro es un constante apetito por llevarte DE TODO a casa. Pequeñas tiendas de productos locales como vino blanco, queso, salchichas, bombones, pretzels, botes de chucrut (la famosa col fermentada)...

El mercado cubierto es uno de nuestros sitios favoritos para tomar el pulso a la cotidianeidad de la ciudad que, a pesar de su apariencia de decorado de cuento, no deja de tener su vida rutinaria. Los locales vienen aquí a comprar fruta, verdura, queso, pan... Aunque también puedes evitar un bajón de azúcar acercándote a la pastelería Gilg, famosa entre propios y extraños por sus pasteles, bombones y macarrons.

Ruta del vino por Colmar y sus alrededores


"Pues muy bien y, ¿una vez vistas las calles?". Sorpresa gourmet: Colmar es la capital de la ruta de los vinos de Alsacia (seguro que Bella se tomaba alguna copilla para despertarse tan jubilosa...). La variedad de uva blanca Riesling es la más conocida, ya que Alsacia es la única región de Francia donde se permite su cultivo (es originaria de la región del Rin, en Alemania).

La ruta se alarga durante 170 kilómetros y pasa por 100 pueblos, cada cual más bonito que el anterior. Visitando algunos cerca de Colmar puedes llevarte una idea para, ¿quién sabe? hacer la ruta completa en otro momento. Octubre es una buena fecha, ya que es el final de la cosecha y se celebran festivales del vino en toda la región.

Si sos de los que catan a sorbitos y no terminan haciendo eses, una buena manera de conocer las zonas vitivinícolas de los alrededores de Colmar es alquilando una bicicleta. Bucólico-pastoril del todo. El encantador pueblo de Eguisheim está solo a 7 kilómetros, y es otra de las visitas imprescindibles en la Alsacia. Situado en una pequeña colina rodeada de viñedos, está en la lista oficial Les Plus Beaux Villages de France, y también se dice que Disney se inspiró en él. ¡Solo le faltan ratones que hablen y pájaros que nos pongan el vestido por la mañana!

La bodega Emile Beyer, en el centro del pueblo, tiene certificación orgánica y es de las más recomendadas. Su historia se remonta al año 1580, y los vinos se catan en las bodegas de una antigua posada medieval. Preparaos, porque tienen cerca de 30 vinos diferentes en su carta.

También hay visitas guiadas desde Colmar a Kaysersberg, Riquewihr y Hunawihr. En Kayserberg no pases por alto a Flamme & Co, un restaurante dedicado a la tarte flambeé, una especie de pizza de masa muy fina cocinada a la leña, típica de la Alsacia. La tradicional lleva queso y beicon, pero en este local las hay con foie gras, magret de pato, parmesano, verduras... ¡hasta vieiras!

Después de haber disfrutado de esta parte de la Alsacia, queda a tu imaginación decidir dónde vivía Bella. Si era en Colmar, no nos extraña que se despertase cantando cada mañana.

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